Eres tú.
Me duele tanto como lo que te quiero.
¿Hasta cuándo aguantará mi corazón tu distancia?
Beso de helado de stracciatella, de dos bolas :)
Me acompañan...
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4 de junio de 2012
30 de mayo de 2012
Cosas raras
Recuestas tu cabeza lentamente, ladeándola, sobre los antebrazos que te
acogen como las manos de una cuna a un bebé delicado. Tumbada de un modo imperceptible
porque tu ligereza te eleva sobre la funda del sillón, y apenas la arrugas con
tu cuerpo.
Almohadas la mejilla y con movimientos involuntarios que te salen sin
pensar porque tú eres así, acuestas esa cabecita loca disponiéndote a no
pensar, a relajarte en ese pedazo de mundo exclusivamente tuyo que has
conseguido tener cerca de mi regazo.
En la orilla de ese sofá tan duro como moderno, me tiendo sobre mi costado,
haciendo esfuerzos por no caer sobre la alfombra, recogiéndome en un filo de
cuerpo para no ocupar tu espacio vital.
Rostro contra rostro. Un palmo de distancia en medio.
Una batalla de miradas que adoro. Ya dejé las armas para los guerreros
jóvenes que aún buscan su gloria. Ya eso a mí me da igual. Me quedan los ojos
para expresar los restos de esencia vital que yacen aún dentro y esa es mi
única meta en la vida.
Tu carita redonda a unos centímetros de la mía, protegida por esa barrera
de brazos en círculo acogiéndola con ternura.
No tengo nada que perder, así que me deslizo un tanto y mi mano libre se
agarra a tu espalda mientras mi pómulo hundido se tumba sobre tu brazo, y los
labios tiemblan parloteando en silencio, callando irrealidades extrañas que
atenazan nuestros pensamientos. Posos de cordura y autocontrol aún rondan por
allí paralizando gestos, rostros y bocas. Pero es indiferente. Tus ojos brillan
como nunca y lanzas suspiros de resignación, o de desahogo, significando que
estás más lejos de lo que deseas y todavía te quedan ganas de alargar la lucha.
Si las miradas rompieran muros, nos hubiéramos quedado sin casa, tumbados
en medio de un solar arrasado por deseos y sentimientos.
Una imagen clara y nítida de las imborrables en mucho tiempo. Apenas unos
trazos dibujados con tu naricilla escondida, esos pequeños labios que ocultan
siempre frases certeras y sabias, y esos ojazos expresivos, cristalinos como el
agua que los limpia con cada parpadeo, oscuros como misteriosos hasta el punto
de servirme de retiro en el que perderme constantemente a explorar los
sentimientos, las calles del corazón y las ansias de vivir para darte lo mejor
de mí. Apenas soy algo, pero tengo la certeza de que lo que hay es para ti,
para que te sirvas a gusto y rellenes tus niveles de felicidad y alegría, y
después, si quieres, me dejas junto al arroyo de mi tierra, que yo ya rocé el
amor y la dicha contigo.
Cada vez nos observamos más fijamente. Allá en los tiempos remotos las
miradas eran huidizas, tanto como el deseo de clavarlas. Hoy, cada vez se
retiran menos del otro para, a lo sumo, darse un suspiro con forma de respiro.
No me salen las palabras para describir ni el qué, ni el cómo. Imposible
describir el tiempo o el momento porque los ojos se guardan para ellos el
placer de tu presencia, o la nariz la delicia de aspirarte y degustar tus
esporas perfumadas, y egoístas como ellos no prestan nada al resto de sentidos.
Se han acostumbrado a lo mejor y se lanzan a su disfrute cada vez que les das
la oportunidad.
Sentir cómo se te endulza el cuerpo mientras aprovechamos el tiempo
dedicándolo al silencio y a contemplarnos es símbolo de pureza. Gratitud
elevada al nivel de la ternura y el deseo a partes iguales. Minutos extraños,
volubles y maleables por nuestro estado, torturados por pensamientos
intrincados, por las cosas raras que aún no somos capaces de espantar porque no
estamos acostumbrados a ser felices con los trucos de magia que a veces nos
llegan sin darnos cuenta. Vive como lo hago yo, que ahí está la magia, el
encanto de la vida, lo que nos hace Ser.
No puedo retirar mis ojos de la senda de los tuyos, ni tú tampoco puedes
apartarlos del fondo transparente de los míos. Imanes que se necesitan tanto
que se enlazan en abrazos invisibles, desgarrándose la piel, comiéndose hasta
cubrir la esperanza, y vuelta a empezar.
Hace mucho tiempo que no siento nada semejante. Labios apretados para no
escupir tonterías y almas ceñidas en un juego de querer, disfrutándose en el
silencio de una tarde abrasadora de verano. ¿Cómo se puede sentir tan
intensamente sin decir nada? He recordado lo que se abrigaba en momentos así gracias
al cruce de nuestras vistas quién sabe ya cuándo.
No me está quedando bien esto porque me siento incapaz de expresar
adecuadamente El momento.
Pero lo he intentado.
Prometo seguir estrujándome el cerebro para conseguir al menos, que esta
hermosura recién amanecida se parezca a ti.
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