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10 de mayo de 2011

A veces, uno debería dedicarse a otra cosa

Con lo bien que se me da, ¿qué coños hice estudiando?


Artista del baldosín, loseta y azulejo, se ofrece:


Para alicatar baños, cocinas, o lo que se ofrezca. Paredes, suelos y cualquier otro tipo de superficie. No importan las dificultades, ya sean columnas, chaflanes, michinales, escondrijos, chimeneas o laberintos. Es más, cuanto más complicado, mejor, me encantan los retos.
Acabados de concurso, aristas impecables, esquinas de lujo, remates de cine, cortes suaves y precisos. Sin apenas ruido ni polvo.

Abstenerse quien solo desee una obra para salir del paso. La máxima rendija que dejo entre azulejos es de 2 milímetros y la planitud, como la Tierra misma.

Eso sí, soy lento como no está escrito, a la par que calculador y preciso hasta la perfección. Admito guantazos llegado el momento de la exasperación, sobre todo porque así acelero el trabajo.

Olvídate además del fontanero, el electricista o el gasero. No hay nada que se me resista, igual me da una llana, que una paleta, un soplete o un amasijo de cables que haya que reconducir.

A cambio pido:

Habitación, comida y charla amena (después del trabajo por supuesto) mientras dure la obra.


Muacks!