Es evidente por visible, que este blog mío representa la escenificación con palabras, de un estado de ánimo vulnerable y bailongo, de unos sentimientos cuasi repetitivos, oscilantes, fangosos, asomándose y ocultándose en períodos cortos y multifrecuentes.
No aparecen temas trascendentales, ni artículos de opinión, porque esto es, principalmente un diario hecho con páginas, una por deseo, algunas con varios, pero todas orientadas hacia la misma meta, idéntico objetivo.
No hay más.
Igual que en mi vida real, en la que hablo poco o nada y en la que opino menos o cero, se refleja textualmente mi escaso campo de entendimiento. Soy corto de miras, y en esa índole me he abandonado al pensamiento rosa, al sueño blando y tierno de la caricia, a la fantasía idílica, a encontrar el amor perpetuo, inmenso y definitivo.
No llegará porque conociéndome como soy, nada más habrá que meras ideas humificadas, deshilachadas y perdidas. No hay hechos.
A lo que iba que me derivo. Me venía diciendo que este espacio es sencillo como el papel, simple como el blanco, e intimista como propio, y no hay más.
Me dais envidia todos los que os enfrentáis a enormes retos dialécticos opinando, rebatiendo, elogiando y criticando, en definitiva, escribiendo sobre intereses que van más allá de los estúpidos gritos de un corazón que no funciona bien, pilotado por un cerebro cascado.
Pero algún día llegará. Porque vivo en el mismo mundo que vosotros, y me rodean los mismos políticos, idénticas desgracias y también de vez en cuando alguna alegría parecida.
El día que tenga lleno el corazón, tocaré otros temas. Supongo…