Me acompañan...

Mostrando entradas con la etiqueta Incorregible. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Incorregible. Mostrar todas las entradas

21 de diciembre de 2011

Por qué siempre escribo de lo mismo.

Es evidente por visible, que este blog mío representa la escenificación con palabras, de un estado de ánimo vulnerable y bailongo, de unos sentimientos cuasi repetitivos, oscilantes, fangosos, asomándose y ocultándose en períodos cortos y multifrecuentes.
No aparecen temas trascendentales, ni artículos de opinión, porque esto es, principalmente un diario hecho con páginas, una por deseo, algunas con varios, pero todas orientadas hacia la misma meta, idéntico objetivo.

No hay más.

Igual que en mi vida real, en la que hablo poco o nada y en la que opino menos o cero, se refleja textualmente mi escaso campo de entendimiento. Soy corto de miras, y en esa índole me he abandonado al pensamiento rosa, al sueño blando y tierno de la caricia, a la fantasía idílica, a encontrar el amor perpetuo, inmenso y definitivo.
No llegará porque conociéndome como soy, nada más habrá que meras ideas humificadas, deshilachadas y perdidas. No hay hechos.

A lo que iba que me derivo. Me venía diciendo que este espacio es sencillo como el papel, simple como el blanco, e intimista como propio, y no hay más.

Me dais envidia todos los que os enfrentáis a enormes retos dialécticos opinando, rebatiendo, elogiando y criticando, en definitiva, escribiendo sobre intereses que van más allá de los estúpidos gritos de un corazón que no funciona bien, pilotado por un cerebro cascado.

Pero algún día llegará. Porque vivo en el mismo mundo que vosotros, y me rodean los mismos políticos, idénticas desgracias y también de vez en cuando alguna alegría parecida.

El día que tenga lleno el corazón, tocaré otros temas. Supongo…

28 de junio de 2011

Incomunicación

Me gustaría saber si alguno de los que pasáis por aquí alguna vez ha tenido una sensación como la mía.
Llevo en la mente, frases, ideas y preguntas para hacerle a alguien en cuanto lo vea. Y sin embargo, cuando estoy delante, enmudezco completamente. Sólo me ocurre con esta persona pero cada vez en un grado mayor. Me la imagino feliz, alegre, sonriente y dispuesta, pero en cuanto comienzo diciendo: -pues he pensado que...- instantáneamente se le tuerce el gesto, se le doblan los labios, se le arruga el mentón y se le desbordan las cuencas de los ojos por la presión de los mismos que pretenden escapar y explotar delante de los míos para ver si así me arrastran y a mis ideas consigo.
Entonces, me callo, echo el candado labial y asiento. Con toda la cabeza, como hacen los japoneses en sus educados saludos.
Quiero decir con esto que me aturde hablar con ella, se me hace una bola en la garganta y no me sale ni una palabra. Evidentemente es la consecuencia de haber recibido todos los reveses conversacionales del mundo desde tiempos inmemoriales. Siempre que he opinado algo, ha sido mi negro sobre su blanco. Nunca he sido capaz de colocar un criterio, de defender una idea porque todas hacen agua por algún sitio.
¿Hay alguien que enmudezca de esta manera ante otra persona?
Creo que es triste y penoso porque al final, ni hablo, ni opino, ni pregunto, ni nada que tenga que ver con la palabra. Aunque probablemente no suceda en el cien por cien de los casos con sus contestaciones, ha sido tan frecuente hasta hoy que ha generado un rechazo evidente, un miedo aterrador a abrir la boca y empezar una bronca, una mala interpretación, un disgusto.
Somos personas. Supongo que esto puede sucederle a mucha gente. ¿Cuestión de criterios, de personalidad, de disposición?
No sé si podré entender en algún momento a qué se debe esto.

9 de marzo de 2011

Mala cabeza

Hoy estoy hasta la polla de todo.
Voy a tomarme un tranquilizante a ver si así se me calman las ansias,
de quererte,
y de mandar a tomar por el culo a un par o tres de personas, de las que no ven nada más que lo que tienen delante de las narices, y son incapaces de imaginar que los demás, trabajamos, y a veces, muy intensamente.
Y no, esto no tiene cura. ¡jajaja! Ya me he cansado de los profesionales. ¿Quién coños ha descubierto el remedio para mi enfermedad? Nadie. Porque no la tiene. Sólo se puede intentar cambiar la actitud, modelar la forma de sentir, entender que estos pensamientos no son sanos ni correctos. Qué sé yo...
Sé que moriré siendo un infeliz y probablemente un desagradecido, que ama a la persona equivocada, y sin embargo, no es capaz de querer a la mujer que le quiere.
Todo comienza cuando sé de buena fe que ni tan siquiera me quiero a mí mismo (por tener estos pensamientos, claro).
Pero es que esto no funciona como debiera, o como mandan los cánones ¿verdad?

22 de diciembre de 2010

Yo


 Llevo varios meses portándome bien. Soy un padre de familia dedicado en exclusiva a sus hijos y a su mujer. Trabajo entre 8 y 12 horas de lunes a viernes pasando entre 10 y 14  fuera de casa. Retorno al hogar en cuanto puedo, y me dedico a jugar con los niños y a compartir rutinas con mi mujer. Veo la televisión, pongan lo que pongan y me acuesto pronto durmiendo 7 horas diarias. Paseamos todos juntos los fines de semana y apenas nos relacionamos con el resto de familiares. No tenemos amigos así que no hay que pensar en planes. 

Mi conversación es escasa puesto que hay poco que contar. Me esfuerzo por querer y ser optimista y alegre. Intento charlar con mi mujer para desentumecer la voz y los pensamientos aunque no termino de comprender bien el daño que los demás han provocado y pueden repetir sobre este extraño equilibrio en el que vivo.

Ya hace muchas semanas que no escribo (lo evito aposta), apenas leo, y he sido capaz de canalizar los pensamientos en tres direcciones exclusivamente, el trabajo, los niños y mi mujer. Cuando alguna idea ajena se cuela en mi cabeza, rápidamente la desecho y me digo a mí mismo que pronto terminará el día y estaré durmiendo apagado.

¿Quién soy? El que debo ser. El que ella espera que sea.

Llevo varios meses sin dejar de soñar todas las noches contigo ni de hacer planes para envejecer a tu lado. Pero eso, está mal. Y no se debe contar. Te echo  de menos Brau. Como nunca sabrás.