Me acompañan...

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18 de noviembre de 2011

Silencio...


Llueve en Madrid. Todo de golpe.
En un momento, toneladas de agua lavan las calles y todo lo que las gotas abrazan en su camino.
Es bonito el brillo que se atisba desde la ventana.
La lluvia, con su poder refrescante e ionizante,
incluso lava mi cabeza por dentro.
¡Centrifúgame!

6 de septiembre de 2011

Punto y aparte

Llevo unos días sintiéndome así. Como si en un momento dado algo indeterminado en el tiempo aunque reciente, haya traspasado una barrera y se haya producido un cambio. Probablemente sea una cosa de la mente, una creencia de que eso ha pasado. Ha habido un punto de inflexión y algo se ha suavizado, ha cedido un poquito, y eso, me ha servido para caer en un colchón de sosiego. Me gustaría que esta sensación perdurara porque, aunque me suponga dejar de pensar, imaginar y componer, también me sirve para vivir tranquilo. Y eso también es importante. De nada sirve pasarte el día haciéndote preguntas estúpidas bordadas de retórica y empanadas con deseos inalcanzables rayando la utopía. La cabeza me da vueltas y me siento deprimido, hundido por la falta de respuestas y soñando con lo que nunca pasó, ni ocurrirá. Prefiero estar como ahora, con la calma atada a mis tobillos y dejando correr las aguas que vienen tranquilas y cristalinas. Así también se vive, de hecho creo que es lo usual entre las personas sin complicaciones ni estrés y que evitan complicarse la vida caminando por terrenos pantanosos casi constantemente como he llegado a sentirme excesivas veces.
Ya volverán los tiempos revueltos, seguro.

5 de julio de 2011

13 de abril de 2011

Blanco

Miradas
Me comenta 4 que me presente a un concurso de cartas de amor. Y no le respondo nada, como casi siempre, pero porque ya sabe que no tengo sentimientos, ni tan siquiera ficticios, sobre ese tema. Mis cartas de amor las dejé por aquí esparcidas, desparramadas, y sin que la destinataria las abriese, hace tiempo. Y ya no tengo más.

Aún así, le agradezco los gestos que tiene conmigo, ya que es la única persona que planea sobre mis pensamientos y los menea de vez en cuando. Con certeza, 4 es grande, enorme de corazón y sentimientos, e igualmente dulce y agradable. Es hermoso tener cerca a alguien como ella con quien compartir unas palabras de vez en cuando.

Ten por seguro, que si tuviera ánimo, lo intentaría, aunque sólo fuese por jugar, para divertirnos un rato. Pero es que estoy vacío. Seco como siempre, incapaz de arrancar nada de mi interior, ni de arañar y llevarme escamas bajo las uñas tan siquiera, nada.

No es que el tiempo cure heridas, en mi caso se han quedado abiertas y el mismo sol de estos días las abrasa con desazón y sin atisbos de cerrarse. Esto se ha convertido en un pasar con suaves altibajos de asumir y rechazar, pero caminando siempre sobre el perfil de la monotonía y la apatía. No hay cambios porque yo no los provoco, ni nadie, y la sensación de que la psicóloga no me aporta absolutamente nada es terrible y hasta dolorosa.

Hoy pensaba volver a pedirle al psiquiatra que me recete algo. Me dijo que para los pensamientos obsesivos y repetitivos tenía remedios en forma de pequeñas pastillas. Y ya de paso para sosegar la ansiedad que erupciona de cuando en cuando sobre todo desde que me he volcado en el trabajo.

Un abrazo enorme para 4. Te mereces todo lo bueno que aún te queda por llegar, y mucho más.

24 de marzo de 2011

Sirio


Cuando rememoro algo lindo, algo bueno, algo dulce y hermoso, algo que me arranque una sonrisa con olor a vainilla aderezada con la salazón de unas lágrimas, suelo recurrir a un paisaje con sol potente y cálido, a una hierba verde oscura, brillante, lisa, fuerte y crecida, y al agua gélida, cristalina y transparente discurriendo por lechos apenas profundos.

Tú, sin quererlo en ningún momento, has traído contigo, en tus pequeños bolsillos, un trocito de mi paisaje. Amarrado al pañuelo que frecuentemente rodea tu cuello, arrastrado con él, llegó enganchada una curva de ese arroyo. Cachito de frescura, mitad de sonrisa esculpida en una talla de dulce juventud y mitad de discreción al abrigo de las circunstancias.

Apareciste en un mal momento y quizás por eso, seas parte de la solución (de la mía, claro está). Como se suele decir, Dios aparece cuando piensas que todo está perdido.
Compartir contigo minúsculos retazos de mi pensamiento ha sido una válvula de escape liberadora de presión de la cabeza.

Pensarás que se me va la olla. Es que, mi cabeza es un cazo enorme, avejentado, recalentado y cubierto de lañas, sin asas y desportillado, y en algo así, sólo se cocinan ingredientes agridulces, extraños, delicados a veces, pero mayormente en exceso quemados.

Cuando me doy cabezazos contra las ideas que acepto pero no comparto, o cuando me hundo en los torbellinos de miserias que pueblan mi mente, de repente, abro los ojos, y ahí estás. Abstraída en cálculos enigmáticos o dilucidando encuentros y chaflanes imposibles en nuestro pequeño mundo de aquelarres de acero. Seria, serena y discreta. Receptiva e interesada por lo nuestro, lo que nunca nadie ha hecho con nosotros, ni nosotros mismos siquiera.

Pero me gusta que estés ahí. Remanso de paz en el discurrir de mi arroyo fresco y limpio, reflejando la luz blanca y fulgurante de ese sol estupendo que me gusta imaginar para rememorar un relámpago de felicidad.