Jamás hubiera imaginado el momento porque la distancia era infinita. Nunca se me habría pasado por la cabeza llegar al instante de, porque los mundos paralelos existen. Precisamente para eso, marcar senderos separados y divergentes que raramente se cruzan. Pero mira que ocurrió, al final, pese a todas las dificultades a priori.
Ahora certifico que sí, que eres tan real como el frío que nos rodea pero opuestamente cálida y con fulgor propio extremo, cegador. Brillante como el sol de verano en julio, enorme y bonita como las playas de mis fantasías o los rincones de mis paraísos imaginados. Tan serena e inteligente como entreveía en tus párrafos, tan enorme como tu mente intrincada. Plácida, sincera y jovial, brutalmente vital.
En estos momentos de mi vida en que todo son dificultades, un abrazo de dulzura sin igual, un beso de adelante con una garra inesperada, suspiros de fuerza inusitada, no esperados, no buscados, pero increíblemente bien recibidos como regalo inesperado que me ofreciste. Un soplo de aliento que no tiene precio por más que lo busque. Un brillo en los ojos impagable, unas manos calientes de dedos largos y hermosos trazando un camino de esperanza, labios de miedo a los que abandonarse para renacer y avanzar al menos media docena de días con pasos enormes y una sonrisa infinita.
Magia pura hecha realidad con trocitos de palabras apenas sueltos, con un pequeño rato de felicidad compartida, un par de horas de preguntas y respuestas atropelladas y apelotonadas. Porque el tiempo se contrae cuando tienes tanto que decir.
Mil gracias.
Ya te debo tanto que espero, deseo seguir aquí todo el tiempo del mundo para poder estar cuando a ti te falte. Te mereces eso y todo. Por ser como eres, pura ninfa, musa transparente de encanto infinito.
Un millón de besos.