Llevo varios meses portándome bien. Soy un padre de familia dedicado en exclusiva a sus hijos y a su mujer. Trabajo entre 8 y 12 horas de lunes a viernes pasando entre 10 y 14 fuera de casa. Retorno al hogar en cuanto puedo, y me dedico a jugar con los niños y a compartir rutinas con mi mujer. Veo la televisión, pongan lo que pongan y me acuesto pronto durmiendo 7 horas diarias. Paseamos todos juntos los fines de semana y apenas nos relacionamos con el resto de familiares. No tenemos amigos así que no hay que pensar en planes.
Mi conversación es escasa puesto que hay poco que contar. Me esfuerzo por querer y ser optimista y alegre. Intento charlar con mi mujer para desentumecer la voz y los pensamientos aunque no termino de comprender bien el daño que los demás han provocado y pueden repetir sobre este extraño equilibrio en el que vivo.
Ya hace muchas semanas que no escribo (lo evito aposta), apenas leo, y he sido capaz de canalizar los pensamientos en tres direcciones exclusivamente, el trabajo, los niños y mi mujer. Cuando alguna idea ajena se cuela en mi cabeza, rápidamente la desecho y me digo a mí mismo que pronto terminará el día y estaré durmiendo apagado.
¿Quién soy? El que debo ser. El que ella espera que sea.
Llevo varios meses sin dejar de soñar todas las noches contigo ni de hacer planes para envejecer a tu lado. Pero eso, está mal. Y no se debe contar. Te echo de menos Brau. Como nunca sabrás.
Ese no eres tú, ni siquiera es tu sombra. Naciste libre. Vuela!!
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