Me acompañan...

31 de enero de 2013

Cuando tú no estás, nada tiene sentido

Después de leer un poema precioso, algo en él ha encendido las ganas de contarte una vez más, desde este otro lado del planeta, lo mucho que revientan los muros de mi corazón sosteniendo baldíamente las ganas que tengo de ti.

Necesito volver a desgastarme la piel de la boca mordiendo tus labios sobre ese sofá que nunca será nuestro, pintar otra más de tus francas sonrisas con mis dedos traviesos sobre las blancas paredes de nuestra armadura, esa que siempre nos lleva tan juntos que jamás puedo despegar de mi pecho. Caer de nuevo, una y cien veces en tu recuerdo impoluto, cara de niña pícara abotonada a un par de enormes ojos castaños, nerviosos, dulces como la crema, contorneándolos con mis labios hasta llegar a tu nuca prohibida donde me bebo la vida, mientras la senda de tu boca enmudece con mi caminar y las retamas de tus pestañas se enfurecen con la brisa del Mediterráneo. Despertar para desgarrarme en la piel el mapa de tus manos templadas, acorazadas por el oro y turquesa que la señora de los anillos te confió un buen día y sin duda son tu sello. Esa parte hippie, voraz y derrochando alegría. No despierto para no perderte, y respirarte una vez más en mis duermevelas de sabor a miel de naranja. Te digo otra vez que alumbras mi camino desde la puesta hasta el amanecer y las noches dejaron de ser oscuras mientras tu abrazo permanece colgado en el perfume de mis bolsillos, truene, nieve o el infierno nos asole. Siento que eres mucho, tanto que lo sobrepasaste y si las lágrimas brotan entre burbujas de besos imposibles y deseos inalcanzables, se contraen en mil vuelos de gaviotas acariciando tu rostro con las plumas de sus recias y ásperas alas. Vuelvo a pedirte que abras los ojos y los vacíes en los míos, y caer en el abismo dorado de un cuerpo que se me antoja hogar para mis manos y mente para la mía. Escribir cada mañana, versos de nuestra vida en tu espalda, con las uñas de esa pasión inefable que siento por ti, renglones apretaditos, que no quiero olvidarme nada a tu lado, abrazarme a tu cintura y pasear sobre esta red cuyos hilos hacemos gruesos cegando los agujeros, y no caemos, nos lanzamos a nuestro vacío con mi mirada alfombrándote el camino y con la tuya, esa bufanda que siempre me arropa y nos aúpa un paso más. Caminar despacito pero seguro a tu vera mientras me baño en la sal de tu risa y te salpico con mis dulces de salpicón, cuarto de ternura, pizca de cariño, puñado de amor.

Necesito y necesito y todo me lo colmas tú.

22 de enero de 2013

Lo prometido es deuda

Llevo semanas, tal vez meses, perdido en un desierto de sensaciones raras. Que van y vienen sin aparcamiento en el que reposar. Colándose por ese embudo fabricado entre psicólogos y consejos profesionales, mezclados con preguntas que nadie puede responder porque hablan en un idioma propio. Golpeándose mi querer contra un muro elástico que se aleja con cada paso que doy hacia ella.
Ayer mismo escuché que había dado un pequeño saltito de mi nube particular y se me veía muchísimo más centrado y sereno, sin miedos, sin sentido de culpabilidad, con los pies más firmes sobre la tierra.

Y hoy, de repente (quizás no tanto), ha sonado la alarma aquí dentro agitada por la brisa de tus pestañas.

No voy a hablar de nada de lo que me pediste. En eso te voy a fallar. Nada sobre lo que a ambos no nos interesa aunque te lo haya prometido. Ya habrá tiempo. Cuando mi cabeza se centre en algo que no sean tus dedos haciendo círculos en mi espalda y la tuya arrumándose bajo mis yemas.
Pero sí que voy a dedicar este rato con los ojos cerrados a navegar por los pliegues de tu gruesa bufanda. A recordar con el frescor de esta mañana y la precisión del ayer las arrugas de tu frente sonriendo con muecas que tratas de disimular y no puedes. Es imposible velar lo que discurre por el pensamiento cuando las manos se extravían en mis bolsillos y mis labios abrasan todo a un metro en derredor. Ojos que se ocultan tras los míos, verdor de pupilas germinadas en un jardín de nuevo alumbrado por el tibio sol del invierno, mirando inquietas entre palabras, frases y abrazos sinceros. Nuestras miradas son idénticas ¿Verdad que lo has observado tú también? Así como estos caminos en la vida, tan semejantes, paralelos, similares en curvas y piedras, arcenes y obstáculos, recorridos y singularidades.
Simplemente me apetecía que supieras que esta vida es preciosa y debemos disfrutarla como se merece. Como ambos queramos.
Empecemos a sentir…

12 de diciembre de 2012

Obsesiones

Quiero dejar de quererte,
y me está costando un triunfo.
Lo deseo con toda mi alma,
y cuanto más aprieto mis sienes,
en ese esfuerzo vano,
más difícil es,
sacarte de mi mente.

Quiero dejar de pensarte,
y no está siendo tarea fácil.
Ni el tiempo, ni la ausencia de palabras, o la distancia,
logran que esa esperanza se convierta en logro.

Quiero olvidarme de tu mirada,
de esos ojazos inquietos, manos increíbles, espalda inaccesible, mente impenetrable, labios en el infinito.
Sustituyendo tu presencia por otras,
paisajes improbables, tareas siempre absurdas,
y un futuro imposible.

Y lo quiero ya,
inmediatamente,
para ayer,
porque mi cabeza se pierde,
cada día en un nuevo laberinto,
y no hay manera humana (a mi alcance) de acercarme,
a ese deseo.

27 de noviembre de 2012

Otro más

Mañana, 42 añitos. Qué chulo, y bonito. De regalo, firma de los papeles del divorcio. Tampoco está tan mal, sería el primer regalo en mis tres últimos cumpleaños... Es broma, mis padres y hermanos siempre han estado para suplir ese apartado.

Me hubiera gustado celebrarlo contigo, con un chin chin de coca light, en el jacuzzi de un buen amigo que lo alquila para eventos así ;)

Habré de conformarme con haber llegado hasta aquí con salud, trabajo, y el cariño de mis soles. Quizás no yendo a trabajar y dedicar el día a mirar el sol...
Mucha gente ni tan siquiera tiene esto ¿verdad?

Feliz cumpleaños!


(una canción que no viene a cuento, pero me gusta, así que ale ale...)

12 de noviembre de 2012

Respirando vida

Paseábamos ayer por la orilla de texturas húmedas y esponjosas de un río con paisaje de cuento de príncipes y hadas, duendes y princesas. Márgenes bordados con las hojas doradas de olmos, chopos y sauces ya tristes, llamados al otoño. Hierba empapada y hundida bajo nuestros pies, alfombrada con la hojarasca caída al frío reciente de este noviembre lluvioso. Bajo un cielo azul entre azules, de catálogo, y un sol radiante y hermoso. Una pizca de fresco adornando el sentir.

Hablaba I, volviendo a sacar un tema recurrente entre nosotros, que ciertamente somos parecidos en sentimientos, en la forma de pensar, de afrontar este inmediato futuro, de ver la vida, e inevitablemente acabamos hablando de lo mismo, lo que nos interesa al fin y al cabo.
–A mí lo que me apetece es volver a enamorarme hasta el fondo –decía con rotundidad. –Pero no ligeramente, no. Quiero volver a tener cara de boba, que no deje de pensar en él, vivir con su presencia constante todas las horas del día, que los que me vean me digan: hija, se te cae la baba; y se me ahoguen suspiros por doquier y la mirada se me pierda en los techos.
–A mí también me apetece –le contesté de nuevo, como un par de días antes cuando charlábamos por teléfono del mismo asunto. –Llenarme el alma con el tacto de sus manos, el corazón con su mirada, llevar una sonrisa perenne clavada en el rostro –agregué.
–Pero esta vez, que sea recíproco, que si no se pasa muy mal –añadí yo con ese tono de sutil tristeza desprendido de mis palabras cuando pienso en estas cosas e irremediablemente me acuerdo de Ella.
–Sí, estoy de acuerdo contigo. Querer a alguien con locura está muy bien pero mejor hagamos que el otro también se muera por nuestros huesos, ¿verdad? –continuó pícaramente, guiñándome un precioso ojo verde que parecía haber surgido del mismo fondo del agua…
–¿Y cómo lo haremos? –preguntó I.
–Bueno, no sé, seguiremos atentos como bien me recomiendas siempre. Con la antena puesta hasta que topemos con esa persona…
–Eso, sin duda, recuerda mi teoría –sonrió ella. –Estoy convencida de que todo el mundo tiene su media naranja por ahí fuera, que ambas partes se buscan, y que nos espera a la vuelta de la esquina, cuando menos lo esperemos… Sólo hay que salir a buscarla.

Seguimos paseando esa ribera dulce, emborrachándonos de tonos pastel y fragancias frescas de otoño, de su piel aroma a melocotón, y la mía a canela, recién ducha hirviente con caricias de terciopelo. Mezclando el verdor de nuestros ojos con sonrisas sabiendo a tierra.