Sé que no estás para mí. Ni yo para ti, aunque esto sea completamente indiferente. No se me olvida que una triste tarde de finales de abril arrojaste por la borda un pesado fardo de lastre frío e inerme. No sé el porqué, nunca hubieron razones, ni motivos, ni palabras ex profeso o algo que tuviera que ver con pensamiento alguno. Sé que tú seguiste tu rumbo elegante, calculado y envidiable a través de tu universo azul, y yo, comencé el mío en un sentido totalmente opuesto, en búsqueda de mi sitio en otro universo radicalmente alejado del tuyo. Sé que nuestras trayectorias no volverán a cruzarse jamás, ni tan siquiera habrá instancias para la melancolía y el buen sabor, ni volveremos a escucharnos escondidos en algún portal que acoja esos susurros de tú a tú de los que hacen florecer las ansias de vivir y seguir adelante dándolo todo por la otra persona. Porque no me puedo permitir que nada altere mi frágil equilibrio, debiéndome en cuerpo y alma a las dos personas que me esperan en casa por las noches, para jugar. Sé que esto es lo que debo hacer y tú, insondable en tu mudez, en un silencio estridente contra el que se estrellan mis gritos, ya habrás pasado página y triunfarás allá donde estés. Sé, ahora lo sé, que a pesar del poso de emoción y felicidad inmensa que se quedó en mi corazón, nunca debí dar pie a que llegáramos a conocernos rindiéndome a tu sonrisa, a tus finos labios de mujer que pisa fuerte, a tus manos cálidas y amantes que con las yemas de los dedos arrancaron sentimientos ya olvidados de mi pecho, a tu mirada de adolescente enamoradiza o a tus palabras certeras y emocionantes que se clavaron en mi espalda enganchándome a ti y arrastrándome contigo con una fuerza poderosa y ciega. Sé que fue la primera vez que luchaba en mi vida, contra todo lo establecido, con uñas y dientes, dejándome la piel cada minuto de los días y noches que transcurrieron en mi guerra particular. Estuve a punto de lograrlo pero supongo que algo divino a tu través, detuvo mi batalla y con un inusitado empellón me colocó donde debía.
He empezado a comprender que soy feliz, a mi manera, o a la de la inmensa mayoría de la gente. Y que no me puedo quejar. No se puede vivir de los sueños ni apostar por la imaginación para ser feliz. Aunque yo lo haga. Dentro de mi normalidad diaria, en mi cotidianeidad, cuando quiero sentirme lleno, escucho canciones como esta de Bosé y Shakira y rompo a llorar pensando en la cantidad de amor que llevo dentro. Aunque sea hacia ti. Cuando la música termina, arranco el motor del coche, me limpio los mocos y los lagrimones en un pañuelo que después doblo impecablemente y guardo con ternura en un hueco de la guantera. Y conduzco hacia adelante.
Lo que no sé, es por qué echo tanto de menos algo que nunca llegué a tener.
A escuchar con los ojos cerrados...
Todos hemos pasado eso alguna vez en la vida. Y cuando lo hacemos, parece que se nos quema algo en el interior. Y que ese ardor lo sentimos con fuerza las 24 horas del día.
ResponderEliminarEse ardor sigue siempre ahí...aunque pasen mil años. Pero lo bueno de todo, es que podemos seguir adelante. Lo hacemos queramos o no, y un día, simplemente, te levantarás y te darás cuenta de que ya lo has hecho. Y sentirás una gran satisfacción contigo mismo.
Te levantaras por la mañana, sintiendote mas ligero, porque su recuerdo ha quedado solo como una hoja delgada de papel... sin peso pues ya le lloraste demasiado y se ha quedado sin esencia.
ResponderEliminarpase a conocer tu bloog y me encanto tu melancolica prosa.
dejo mi saludo
Butterflieswithoutwings, estoy totalmente de acuerdo. Se sigue adelante se quiera o no, como hago yo por ejemplo. Lo de la satisfacción no acabo de clarificarlo, pero es cierto que me encanta sentir ese ardor un poquito todos los días. Me revuelve por dentro, me sonsaca una sonrisa y un par de lágrimas (que no me molestan en absoluto), y continúo. Y me estoy dando cuenta de que puedo vivir con ello, y además, vivir a gusto.
ResponderEliminaratlantida, precisamente lo que guardo dentro es la esencia que con su enorme presencia se hizo un hueco dentro para albergar ese frasquito de elixir que endulza mis horas un instante cada día. Su recuerdo, que es mi pensamiento, me da alas para amanecer mañana tras mañana. Y me encanta...
ResponderEliminarEs como si te conociera de algo.
ResponderEliminar¿?
ResponderEliminarMe daba la impresion de que te conocía de algo. Obviamente eso es imposible, pero a las sensaciones les vienes tu a decir eso...
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