Me acompañan...

19 de febrero de 2013

Noche con meteorito...

Estuve la noche del viernes intentando vislumbrar el fenómeno del mes, o del año, no sé. El dichoso meteorito que pasaba cerca de la Tierra y que se suponía era visible desde buena parte del planeta. Así que me fui al sitio habitual de la Asociación Astrohenares, el parque María Marzol en Daganzo, muy cerca de Alcalá. Allí se reúnen unos cuantos aficionados de vez en cuando. Está cerca de Madrid y aunque las condiciones del cielo allí no son las ideales ni mucho menos, está cerca de casa. Si quieres verlo mejor, se reúnen también en Brihuega y más lejos, donde los cielos están más oscuros. Pero no era el caso porque tampoco me apetecía hacerme 100 km sólo para esto.
El caso es que allí habría una decena de personas y tres telescopios bastante majetes. Noche de media Luna que iluminaba bastante el cielo, estorbando bastante su luz para la observación. Y una panda de frikis a cada cual más extraño allí con su dialecto propio. Lenguaje profesional para que la pareja y yo que allí andábamos cotilleando no nos enterásemos de nada y pensáramos –qué nivel que tienen éstos-.
El más listo, que era el que lo tenía más grande (el telescopio) va y le pregunta al vecino -¿a ti cuanto te consume?-, -a mí dos con cinco amperios- a lo que el otro le responde –a mí 1,9-. –Joder pues no entiendo tanta diferencia-. Y es que estaban comparando el consumo de unas mantitas eléctricas que habían acoplado a los chismes para que no se empañaran con el frío de la noche. Yo pensé –hay que fastidiarse, van más abrigados los telescopios que nosotros-. -¿Tiene alguno un objetivo que filtre rayos infrarrojos?- pregunta el avanzado en otro momento. Y los tres que andábamos observando las maniobras nos quedamos mirándonos, sonriéndonos, y pensando a la vez -¿Quién coños lleva un filtro de infrarrojos en el bolsillo?- al mismo tiempo que –este hombre debe ser idiota- cuando se me acerca a mí y de nuevo me lo pregunta. Y yo flipo muerto de frío embutido en el plumífero.

El caso es que a pesar de las nubes y de la luz que desprende Madrid, el cielo estaba muy bonito. No hacía más que acordarme de ti, aunque siempre que miro a la noche me viene tu rostro a la cabeza. Pensé, seguro que a ti te hubiera gustado estar aquí, aunque sólo hubiese sido por curiosidad y disfrutar de un manto estrellado tan hermoso.

La pareja que por allí andaba y yo, no hacíamos más que preguntarnos si de verdad aquellos tipos sabrían de cierto por dónde pasaría el meteorito. Algunos de ellos sentados en un banco de madera del parque peleándose por los prismáticos, enfrentándose porque no sabían con seguridad si pasaría entre la tercera y la cuarta estrella de la Osa Mayor o entre la segunda y la tercera. Otros dos compartiendo unos prismáticos, un ojo de cada uno por cada ocular, hay  que ser cutre. Y el frío cubriéndolo todo cada vez con más intensidad. Así que allí esperando a las 22:30 porque era el instante cumbre de la aparición. El tipo con el mejor telescopio apuntando en sentido opuesto porque él ya había visto unos cuantos asteroides y como que no le llamaba. Y el de al lado con una cámara incorporada al telescopio para ver si cazaba la foto del año. Los demás, tratando de ser los primeros en avistar el objeto. Pero no hubo manera tú. Un nubarrón en medio y un cielo bastante contaminado no nos dejaron ver nada de nada. Pero bueno, observamos la constelación del Cangrejo en la máquina del tipo que iba a su aire. Y Orión, con nuestra Betelgeuse, estaba inmaculado, brillante, precioso allí en lo alto sobre Madrid.

Vamos, que pasó el pedrusco de magnitud 10 (o sea, que era imposible verlo a simple vista o con prismáticos) y ninguno nos enteramos de nada. No, bueno, no todos. El de la cámara digital sí que lo pilló. Haciendo exposiciones de un minuto logró cazar una rayita y en su extremo una bolita blanca del tamaño de la cabeza de un alfiler. Así que todos contentos, y el hombre, tan orgulloso.

A las 23:00 yo me guardé los prismáticos en la funda, y aterido de frío a pesar del gorro, la bufanda, los guantes y el plumas me metí en el coche y marché para mi casa. No sin antes volver a caer en tu rostro, en toda tú, en las estrellas clavadas en el centro de tus ojos castaños y las Pléyades descolgándose de tu largo pelo oscuro como brillantina para una fiesta de Carnaval. Y recordé tus manos escondidas bajo la negra cúpula de un cielo enorme y transparente buscando tus larguísimos dedos las yemas de los míos, entre planetas y miradas, jugando a los dados sobre un tapete de constelaciones y estrellas observando nuestras cabezas.

2 comentarios:

  1. Esa noche te observé, pude ver en tu rostro la armonía de la espera, el deseo por descubrir una parte de mi cielo, satisfecho por la captura de esa línea que veías en la cámara, pude ver el profundo de tu mirada y el horizonte de tu piel, no me viste, sólo sentiste el abrazo abrigador que te enviaba.

    Besos

    Vaya que me he complicado con tu tema, qué palabras más confusas usas, lo bueno es que hice uso de un diccionario humano que me explicó a detalle las expresiones que manejan los Españoles :)

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  2. Hola!! Acabamos de encontrar tu blog y te seguimos desde ahora! :D Ojalá que también te guste el nuestro!! Un abrazo fuerte! :)

    http://melodiasporescrito.blogspot.com.es/

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