Me acompañan...

2 de noviembre de 2011

Sueño imposible II

Júpiter y cuatro de sus lunas. No se le ven las franjas pero con lo que dispongo, no llego a más.


No existía el tiempo. Cuando sus ojos se encontraban, todo lo que quedaba más allá de dos metros se detenía. Era como si al verse, el universo se ralentizara hasta el punto de pausarse y retomara su camino una vez ambos se separaran. No lo hacían adrede, obviamente no poseían el poder de modificar nada a su antojo, prácticamente ni tan siquiera lo que realmente deseaban en cualquier momento de sus pequeñas vidas.

Por eso, cuando Toño tomaba sitio entre las piernas de Brau se dejaba llevar solamente por el deseo de percibir el placer en ella, de regalarle unos segundos mordiendo la luna desangrándose aferrada a su espalda. Se fabricaba las ganas de verla retorcerse hasta la extenuación, de observar el grado de ebullición que podía llegar a entregarle hasta abandonarse a un clímax irrefrenable e imposible. Separarle los labios de la vulva débilmente con una dulzura exasperante y a continuación hundir su lengua hasta el fondo de la raja caliente y empapada de deseo, de apetito y esperanzas, se convertía en un acto más que placentero, de entrega absoluta hacia ella. Deslizar el húmedo, rosado y caliente apéndice lentamente arriba y abajo de la superficie de su coño resbaladizo, dejando hilos de cristalina y brillante saliva, con parsimonia pero presionándolo firmemente y con fijación, se había convertido en un ejercicio de estilo que ella agradecía con cada arremetida de su boca. Pequeños gestos como asirse a su nuca con furia, o perderse en un horizonte infinito abocado a la ceguera de lo imposible eran sus reflejos habituales. Allí abajo, el rostro de él brillaba untado con esa mezcla de flujo, saliva y sudor, mixtura de emanaciones tibias, saladas y deseadas que dulcificaban el vaivén de su barbilla huesuda que excitaba más aún la carne de ella que se veía aprisionada y aplastada por su justo peso, rozada sin descanso, amasada con deleite y parsimonia hasta rendirse en adicción imperdonable.

Cuando los ojos de Brau se entreabrían, Toño aprovechaba y retirando su boca siempre ávida de ella, introducía un par de dedos entre los pliegues tiernos y débiles que ocultaban la entrada a la vagina, índice de una velada querida y deseada, deslizando las yemas de los dedos hasta apenas unos centímetros de la frágil e inocua puerta, aparcándolos entre las rugosidades de sus entrañas, proporcionándole algún que otro pequeño espasmo cabalgado como relámpago, atravesando su desparramado cuerpo, desde la carne imposible del interior de su vientre, hasta la nuca exageradamente forzada hacia un hombro, en un gesto de tensión y goce espectacularmente goloso, rendidamente semejo al de los buñuelos de nata resbalando tiernos y dulces por la garganta agradecida y voraz de una pastelera como Brau. Los dedos exploraban el interior de su coñito entregado, tanteando las paredes de su vagina caliente y dilatada, jugando a hacer círculos en el pocillo blando de ella, tensando y relajando el músculo allí escondido, abriendo un hueco enorme bajo la hendidura guardiana y dispuesta hasta convertirse en un deformado hueco de alma anhelante, agradecida y desesperada por ser rellena de lengua, de dedos, de alma desgajada y tejida con cualquier trocito de él.

-Quiero hundir mi boca en tus ansias y atraparte por el coño, cosiendo mi lengua a tu carne, surcar el pozo bajo tu raja agradecida navegándolo hasta beberme el mar que lo inunda -decía Toño mientras de reojo atisbaba su rostro encendido y enrojecido por la sangre revoloteando por su feliz cara, arremolinándose en las sienes y mejillas e inyectando adrenalina en la mente y en la sonrisa de ella.

Así que repetía lamiendo arriba y abajo, incansablemente, con toda la lengua luchando por escapar de su boca y convertirse en sombra de su conejo afable y delicioso, escurriendo lágrimas de saliva y formando hilillos de niebla densa con el flujo de ella, hasta un arroyo aguas abajo, descolgándose hasta mojar la imperceptible entrada hacia ese culete precioso que él tanto adoraba. Chuparle el tierno botón que coronaba su rosada rendija, apretada vulva rendida a esa boca juguetona, ya apenas protegida por unos fláccidos y agradecidos labios a los que Toño se asía con dedicación a veces, con fiereza otras, era siempre meta de todos los movimientos de su boca. Objetivo: sorberlo con fuerza, aplicando ganas y energía hasta relajarlo dejándolo escapar con un sonoro “muack” mientras lo degustaba con la lengua ávida, morderlo con los labios y ayudados por los dientes para impedir su vuelo, y sentir el volumen del pequeño guisante en el extremo de una apenas perceptible broza de músculo escondida bajo la fina y delicada piel de su sexo súper sensibilizado ante toda la atención que su amante le proporcionaba.

Brau luchaba contra la lógica y en cada ocasión separaba las piernas más y más que la vez anterior, dándole a él sitio para jugar con su cabeza acomodada tranquilamente entre los muslos, forzando hasta lo inimaginable la tensión muscular de sus piernas, tensándolas en un plano horizontal anormal por naturaleza, forzándolas a posicionarse como dos arcos rígidos casi perfectamente rectos y en los extremos, sus pequeños y tensos pies fruto de la excitación del momento. A Toño le encantaba cuando adoptaba esa postura de alta tensión, y aprovechaba el instante para morderle los talones con fruición, a chuparle los tobillos mientras le sujetaba firmemente los pies entrelazando los deditos de ella con los de sus delgadas manos. Y tras el suspiro inicial de sorpresa de Brau, se lanzaba a por su segunda pasión, los deditos ansiosos y alegres de esos casi siempre fríos pies que adoraban ser tocados y cuidados con mimo por el cuerpo de él. Siempre objetivo dulce y hermoso, jugosas piezas de orfebre que numeraba utilizando la lengua, contaba rechupeteándolos con boca sabia y delicada, repasándoselos con tacto y paciencia, sorbiéndolos con los labios y extrayendo el jugo de la felicidad brotada con naturalidad cuando con sencillez y cariño hundía su alma en el corazón de ella aunque fuera a través de la piel y el deseo, humedeciéndolos con la puntita de la lengua hasta convertirlos en alargados bombones de cariño y amor. Después, lamerlos intensamente, besarlos glotonamente, rozarlos con las mejillas mientras vencidos se dejaban hacer, y él, con sus pequeñas manos nunca terminaba de masajear como puzles infinitos en los que encajaba sus talones tibios, las plantas agradecidas de los pequeños pies y los tobillos níveos sumergidos en las orillas de los labios, agradecidos al masaje de sus cálidas y fuertes manos, dulces y hermosas terminaciones ocultas de los infinitos ojos de Brau.

¿Hasta dónde seguiré soñando? ¿Hasta cuándo estaré perdido? Añoro todas y cada una de tus miradas.
Espiral de sueños y abrazos perdidos es lo que puebla mi mente…
Sigo hundido por Júpiter, y más allá.


6 comentarios:

  1. Más que Jupiter y más que sus cuatro lunas, estás inmerso en la pasión que nos demencia las sienes.
    Un abrazo.

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  2. Anónimo11/03/2011

    Creo que Toño y Brau, hacen vibrar al mismo Eros, Afrodita sentiría celos, y su lecho es un cantico a la entrega y comunicón, cuando llegado el momento del éxitasis no son dos, sino un mismo ser que late en dos corazones al unisono, viendose amados en el placer y goce del otro...

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  3. Esto es una maravilla...
    Enhorabuena artista :D
    (Me encantan estos textos tuyos. Bonita serie)
    besitooos

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  4. Taty Cascada, más que inmerso, estoy hundido en un mar de sentimientos que me aplasta por completo. Buceo y no paro. Todo son sensaciones hermosas, lentas y profundas y en ocasiones tortuosas.
    Beso desde las profundidades.

    Carmeloti, mira que es difícil expresarse desde los recuerdos, con los ojos cerrados y tratando de recorrer tiempos remotos pero densos. Me faltan palabras y me sobra sueño. Es un tormento no llegar ni al cincuenta por ciento de lo que veo y soy incapaz de relatar texturas, sabores, olores, tiempos o sonidos.
    Beso desde el desierto esculpido en el centro de un paraíso que no termina de crecer.

    Lunática, sólo lees lo que sale de mi cerebro escurrido :) Pero si te gusta, muchísimo mejor. La serie es larga, de momento infinita. No me puedo quitar a la musa de la cabeza :P
    Besazos.

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  5. ...Y la musa hace algo más q sentir y recibir? No creo en la pasividad absoluta de las musas. Quiero la parte activa de ella y saber lo que sentía Toño cuando era correspondido.
    ... Ya ves, cotilla q es una!! Y si es producto de un sueño quiero saber qué imagina el artista cuando es la musa la que actua.
    Me gustaría ver lo explicito del autor en su siguiente relato siendo el que recibe en lugar del que entrega.
    Espero impaciente!
    Beso

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  6. María, tienes tanta razón que en la siguiente parte, me estoy dedicando a ella. Bueno no, ella a mí. Está siendo más difícil aún porque lo de la empatía y mirar a través de otros ojos es mucho más complicado. Pero ahí estoy.
    Beso!

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